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Del salutismo a la ortorexia

¿Te gusta comer “sano”? ¿Cuánto tiempo dedicas a pensar en ello, planificar las comidas, leer las etiquetas, cocinar, comprar, etc.? ¿Dejas de salir o comer fuera si no hay “comida sana”? ¿Llevas tu propia comida para asegurar que es la “adecuada”?

La preocupación por comer sano está tan extendida y promovida por el salutismo/nutricionismo de la cultura de la dieta que casi se ha convertido en una “moda”. Lo que para muchas personas puede llegar a convertirse en una verdadera obsesión que condiciona su vida en muchas esferas: ¡Hola, ortorexia!

La ortorexia puede pasar mucho más desapercibida que otros TCA especialmente en ciertos contextos sociales y grupos ocupacionales.

En este artículo Miriam Sanchez & Ilana Borovoy explican qué es y cómo se presenta la ortorexia, cómo la cultura de dieta es un potente factor de riesgo para desarrollarla en algunas personas. Con ellas conoceremos los riesgos de obsesionarse con una «correcta alimentación» y su enorme impacto en el bienestar y la salud integral de las personas afectadas. También indicarán pautas de intervención efectiva desde un enfoque de Salud para todas las tallas.

DEL SALUTISMO A LA ORTOREXIA

Miriam Sanchez & Ilana Borovoy

Elegimos iniciar este artículo hablando de salutismo porque creemos que los orígenes de la ortorexia, o al menos su vertiginoso aumento, se encuentran sobre todo en la cultura de la dieta sustentada en el paradigma peso-centrista. La ortorexia definida como la fijación obsesiva con la alimentación sana y la búsqueda de la salud y la pureza o la evitación de la enfermedad a través de la “nutrición correcta” (Bratman & Knight, 2001), puede entenderse mejor si la enmarcamos dentro de la sociedad salutista, nutricionista y gordofóbica en que vivimos.

Si bien los seres humanos pueden obsesionarse con casi cualquier cosa, es más probable que lo hagan con aquello sobre lo que se les informa y adoctrina continuamente (bombardeo de noticias sobre salud, alimentación buena y mala,  peso…) o que biológicamente tiene un alto valor adaptativo para la supervivencia como la comida o la seguridad. De ahí que sea cada vez más común que las personas se obsesionen con la “alimentación correcta”.

1. ¿Qué es eso de salutismo, nutricionismo y ortorexia? 


Empecemos por definir los términos para asegurar un lenguaje común. El salutismo es un sistema de creencias que concibe la salud como la propiedad y responsabilidad de un individuo y valora la búsqueda personal de la salud sobre todo lo demás, como la paz mundial o ser buena persona. Ignora el impacto de la pobreza, la opresión, la guerra, la violencia, el azar, las atrocidades históricas, el abuso y todos los factores medioambientales como la contaminación, la polución o el acceso al agua potable. Protege el estatus quo de los poderosos, culpabiliza a las víctimas y mantiene los privilegios, aumenta las inequidades de salud y fomenta la opresión internalizada (Bacon & Aphramor, 2011)

El salutismo juzga el valor de las personas según su estado de salud, ignorando las variables que más influyen en la salud como son el trauma, la opresión, los cambios medioambientales, las inequidades sociales y las disparidades en los sistemas de salud. Cuando nuestros sistemas de salud ignoran esos inmensurables y se centran sólo en los resultados mensurables resulta difícil concebir la complejidad de los factores que impactan el bienestar humano (Bacon, 2008).

El nutricionismo es una forma de pensamiento reduccionista sobre la comida y la alimentación que asume que el principal fin de comer es mantener y promover la salud corporal.


En una cultura nutricionista es fácil olvidar que la comida es mucho más que la suma de sus nutrientes. El término nutricionismo fue acuñado para describir la fijación en los nutrientes a expensas del contenido y el conocimiento experiencial de la comida y la alimentación (Pollan, 2009). El resultado es una inmensa confusión en lo que alimentación se refiere que tiene a mucha gente confundida sobre qué comer (Scrinis, 2013).

Conviene destacar que el nutricionismo pertenece a la esfera de la creencia y no del conocimiento científico.

Como la terminación ismo sugiere, el nutricionismo no es una materia científica sino una ideología. Las ideologías son maneras de organizar amplios sectores de la vida y experiencia bajo un conjunto de asunciones compartidas pero no científicamente examinadas ni ciertas. Esta cualidad hace que una ideología sea muy difícil de ver, al menos mientras ejerce control sobre la cultura dominante”.

Michael Pollan (2009)

Las formas de pensamiento salutistas y nutricionistas caracterizan a la cultura de la dieta actual que además asocia indisolublemente la salud al peso y el tamaño corporal, lo que nos lleva a la gordofobia.


Así, han generado la narrativa de que la salud es lo más importante, que la salud depende del peso y que la nutrición correcta permitirá alcanzar esa salud y ese peso que son las metas aspiracionales por las que cualquier individuo “responsable y saludable” debería luchar. Esto crea el caldo de cultivo idóneo para que proliferen las preocupaciones en la población en torno a la alimentación, el peso y la salud. Lógicamente más en ciertos individuos que en otros; luego hablaremos de los factores de riesgo.

Conviene subrayar que los determinantes sociales de la salud, como el acceso a servicios sanitarios, la estabilidad económica o el contexto social y comunitario, participan en un 75% de la salud de los individuos y no están bajo el control directo de los mismos (Bacon, 2008).  

Hasta la fecha la ortorexia se ha estudiado a nivel individual como un patrón alterado y obsesivo con la alimentación saludable que puede llegar a interferir notablemente en la vida normal de la persona. Sin embargo, algunos autores han reclamado estudiar la ortorexia desde niveles macro más allá del individuo ya que existen comunidades, grupos ocupacionales y sociedades donde las tendencias ortoréxicas están muy extendidas y normalizadas (Haman et al., 2015). Esto ocurre, por ejemplo, entre los profesionales sanitarios, nutricionistas, deportistas, artistas y ciertos grupos sociales económicamente favorecidos.
 

2. La ortorexia a nivel individual.


El término ortorexia procede de la combinación del griego ortos que significa “correcto, recto, válido o preciso” y orexis que significa “hambre o apetito”. Así, se utiliza para describir la obsesión con la nutrición sana y correcta. Fue el médico Steven Bratman quien definió este concepto por primera vez en 1997 para describir la fijación insana con lo que el individuo considera una alimentación sana. En 2001 Bratman y Knight publicaron el famoso libro “Health Food Junkies” donde desarrollan el concepto.

Las personas con ortorexia rechazan o evitan todo tipo de alimentos que consideran “no saludables”


Las personas con ortorexia rechazan o evitan todo tipo de alimentos que consideran “no saludables”, incluyendo ingredientes genéticamente modificados, pesticidas, grasas no saludables, demasiada sal, azúcares, gluten, lactosa y otros componentes. Los métodos de preparación y los materiales también pueden formar parte de los rituales con la alimentación (ej., hervir los alimentos el tiempo exacto o cocinar solo con ciertos utensilios). Dedican mucho tiempo a configurar su dieta diaria (planificar, hacer la compra, cocinar…). Si los rituales y reglas no pueden cumplirse, la persona experimenta altos niveles de culpa, ansiedad y preocupación. 

Se han propuesto diversos criterios diagnósticos para la ortorexia nerviosa, aunque no están suficientemente validados y consensuados. Bratman y Knight han desarrollado una versión abreviada del BOT (Bratman Orthorexia Test) como herramienta de cribado para un diagnóstico inicial, el cual consta de 10 preguntas. Por ejemplo:

¿Dedicas más de 3 horas al día a pensar en tu alimentación? ¿Te sientes culpable cuando te sales de tu dieta habitual?  ¿Ha disminuido tu calidad de vida conforme ha aumentado la calidad de tu alimentación?


Si la persona responde sí a 4-5 preguntas, indica que necesita relajarse respecto a su alimentación a menos que siga prescripción dietética por razones médicas. Si la persona responde sí a todas las preguntas, tiene una obsesión significativa con la alimentación saludable y debería buscar ayuda especializada. 

En base al BOT abreviado, Donini et al. (2005) desarrollaron el test ORTO-15 para el diagnóstico de la ortorexia. La versión original del ORTO-15 se desarrolló en Italia y consiste en un cuestionario auto-informado de 15 ítems que determina la prevalencia de un comportamiento altamente sensible en relación con la nutrición saludable. Algunos ejemplos son: ¿Te sientes confuso cuando vas a una tienda de comida? ¿Estás dispuesto a gastar una mayor suma de dinero en comprar comida saludable? ¿Tu estado de ánimo afecta a tu conducta alimentaria? No obstante, estas escalas de evaluación requieren de más investigación y refinamiento ya que presentan algunos problemas de fiabilidad y validez.
 

3. Prevalencia de la ortorexia.


Una revisión reciente de 11 estudios indica que la tasa de prevalencia media de la ortorexia es de 6,9% para la población general. Pero para los grupos de alto riesgo esa tasa oscila entre el 35 y el 57%. Entre los grupos ocupacionales con mayor prevalencia se encuentran los profesionales sanitarios, especialmente los nutricionistas, algunos colectivos de artistas y los deportistas profesionales. Los factores de riesgo individual incluyen las tendencias y los rasgos obsesivo-compulsivos y perfeccionistas, las alteraciones relacionadas con la alimentación y un mayor estatus socio-económico. 

Donini et al. (2005) investigaron la prevalencia de la ortorexia en una muestra de 404 personas en Italia. El 17% de la muestra fue definida como “fanáticos de la salud” respecto a sus elecciones de comida. En la muestra general el 7% de las personas tenían ortorexia. En un estudio realizado entre médicos residentes en Turquía (n = 318), el 45% de los participantes estaban excesivamente preocupados con su alimentación y caían en la categoría de ortorexia según el test ORTO-15. Otro estudio también ha encontrado que la prevalencia de la ortorexia entre los estudiantes de medicina es del 43% (n = 878).

Los principales grupos de riesgo identificados para ortorexia son: mujeres, adolescentes, personas que practican deporte (atletas, body-building, fitness, yoga…), médicos y estudiantes de medicina, nutricionistas y artistas. Una investigación turca indica que el 56% de los artistas tienen tendencias ortoréxicas (cantantes de ópera, músicos de orquesta y bailarines de ballet). Una investigación húngara revela que el 57% de los estudiantes universitarios tienen inclinaciones ortoréxicas. También se han encontrado correlaciones significativas entre la ortorexia y las alteraciones de la imagen corporal y la alimentación.

4. ¿Qué tipo de desorden es la ortorexia: alimentario vs obsesivo-compulsivo?


Científicos, académicos y profesionales aún debaten si la ortorexia es un desorden único y si merece su propia categorización dentro del DSM (Manual Diagnóstico de Trastornos y Enfermedades Mentales) junto a los trastornos alimentarios (TCA) o junto a los trastornos obsesivo-compulsivos (TOC; Brytek-Matera, 2012).  

Por una parte, un grupo de expertos en TCA del Reino Unido ha argumentado que la ortorexia no se identifica con un TCA porque no comienza con baja autoestima, pero con el paso del tiempo puede resultar en un TCA si la alimentación se hace más rígida, restrictiva y compulsiva. Argumentan que la ortorexia viene marcada por el deseo excesivo por consumir alimentos sanos y puros, a diferencia de otros TCA donde la preocupación se centra en el peso y la forma del cuerpo. Dicen que mientras que en pacientes con anorexia y bulimia la obsesión se centra en la cantidad de comida, en los pacientes con ortorexia la obsesión se centra en la calidad de la comida. Alegan que en los pacientes con ortorexia la principal motivación no es la pérdida o control de peso sino la sensación de pureza y perfección. 

Por otra parte, hay autores que argumentan que la ortorexia tiene múltiples similitudes con otros TCA como tendencias perfeccionistas y obsesivo-compulsivas, necesidad de control, etc. Además, la preocupación con consumir solo comida sana puede llevar a la malnutrición y pérdida de peso como en la anorexia nerviosa. Por ello, es cuestionable si la ortorexia es una categoría distintiva de otros TCA como la anorexia nerviosa ya que los diferentes trastornos comparten numerosas características.

Las personas con ortorexia tienden a ser cuidadosas, organizadas, sistemáticas con una exagerada necesidad de protección y autocuidado.


Bartrina (2007) sugiere que cuando la preocupación por la alimentación sana se vuelve extrema, la persona empieza a concentrarse solo en la comida y esto conduce a restricciones severas así como a complicaciones biológicas y psicológicas (ej., aislamiento social). Controlar lo que la persona come se convierte en prioridad. Las personas con ortorexia tienen un deseo de ser perfectas, lo que es consistente con otros TCA como la anorexia o bulimia nerviosa. 

Recientemente, Bartel et al. (2020) han realizado un estudio para arrojar luz sobre la clasificación de la ortorexia en el espectro de los TCA o de los TOC. 512 personas completaron una serie de medidas: síntomas ortoréxicos (rBOT), síntomas TCA (Eating Disorder Examination Questionnaire), síntomas TOC (Obsessive-Compulsive Inventory Revised), motivaciones en la elección de comida (Food Choice Questionnaire) y perfeccionismo (Multidimensional Perfectionism Scale).

Los síntomas ortoréxicos correlacionaron más significativamente con los síntomas de TCA que con los síntomas de TOC, los síntomas ortoréxicos se relacionaron con las preocupaciones por el peso y la forma del cuerpo, así como con priorizar el peso sobre la salud a la hora de elegir la comida.


Los síntomas de ortorexia y TCA se relacionaban moderadamente con perfeccionismo, mientras que los síntomas de TOC se relacionaban fuertemente con el perfeccionismo. 

Los hallazgos anteriores apoyan la clasificación de la ortorexia en el espectro de los TCA. Ahora bien, no está claro si la ortorexia es un precursor de un TCA, es un TCA en sí mismo con preocupaciones adicionales por la salud o es un trastorno que se deriva de otro TCA previo. Se requiere investigación longitudinal para examinar las posibles dinámicas de relación entre ortorexia y otros TCA a lo largo del tiempo. 

La ortorexia podría o no ser etiquetada como un nuevo TCA porque a veces sí y otras no incluye los síntomas más característicos de la anorexia y la bulimia nerviosa, como son el pánico a engordar y conductas extremas de control de peso. Hay que considerar que los medios de comunicación y la industria de alimentación (ej., comida natural, orgánica) también han influido en el desarrollo de la ortorexia así como en la sobreevaluación del peso y la forma corporal. Sin embargo, dado que la ortorexia altera los hábitos de alimentación debería tratarse como un desorden que implica un comportamiento alimentario de riesgo ligado inseparablemente a síntomas obsesivo-compulsivos (excesiva atención a la comida saludable, pensamiento constante sobre la calidad de la comida ingerida…).
 

5. El abordaje terapéutico de la ortorexia desde un enfoque HAES y no-dieta. 


Las intervenciones deben diseñarse de acuerdo a los síntomas físicos, cognitivos, emocionales y conductuales identificados en cada persona, por lo que debemos partir siempre de una evaluación exhaustiva. Si el patrón alterado de alimentación que predomina en la persona es la ortorexia frente al deseo de ser delgado, la intervención se puede centrar más en reprogramar la excesiva preocupación con la alimentación sana para restablecer una relación libre y normalizada con la comida. 

Las intervenciones utilizadas en otros TCA bien conocidos pueden ampliarse y adaptarse a las necesidades de las personas con ortorexia. El tratamiento de preferencia es multidisciplinario incluyendo psicoterapia, consejo nutricional, coaching de recuperación y diversos especialistas médicos. La terapia cognitivo-conductual junto con psicofármacos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (como sertralina, fluoxetina o paroxetina) pueden ser eficaces en el tratamiento de la ortorexia. Es importante también trabajar con el entorno inmediato de los pacientes (familiares, amigos…), especialmente si son menores de edad. Las personas con un diagnóstico principal de ortorexia tienden a responder mejor al tratamiento que otros TCA dada su mayor preocupación por la salud y el autocuidado.

Algunas líneas fundamentales a trabajar para una recuperación de la ortorexia son:
  • Abandonar la mentalidad de dieta.
  • Neutralizar los alimentos. 
  • Reprogramar las reglas y restricciones dietéticas. 
  • Exposición y prevención de respuesta. 
  • Manejo de la ansiedad y habilidades de gestión emocional. 
  • Otras posibles áreas problemáticas: ejercicio compulsivo, imagen corporal, autoestima, perfeccionismo, etc.

Referencias

Bacon, L. (2008). Health at Every Size: The surprising truth about your weight. BenBella Books.

Bacon, L., & Aphramor, L. (2011) Weight science: Evaluating the evidence for a paradigm shift. Nutrition Journal, 10.

Bartel, S.J., et al. (2020). Classification of Orthorexia Nervosa. Further evidence for placement within the eating disorders spectrum vs obsessive-compulsive spectrum. Eating Behaviors, 38.

Bartrina, J. (2007).  Ortorexia o la obsesión por la dieta saludable. Archivos Latinoamericanos de Nutrición, 57(4), 313-315.

Bratman, S., & Knight, D. (2001). Health food junkies. Orthorexia Nervosa: Overcoming the obsession with healthful eating. New York: Broadway Books.

Brytek-Matera, A. (2012). Orthorexia nervosa: An eating disorder, obsessive-compulsive disorder or disturbed eating habit? Archives of Psychiatry and Psychotherapy, 1: 55–60.

Donini, L.M., Marsili, D., Graziani, M.P. et al. (2005). Orthorexia nervosa: Validation of a diagnosis questionnaire. Eat Weight Disord 10, 28–32.

Håman, L., Barker-Ruchti, N., Patriksson, G., & Lindgren, E. (2015). Orthorexia nervosa: An integrative literature review of a lifestyle syndrome. International Journal of Qualitative Studies on Health and Well-being, 10: 1.

Pollan, M. (2009). In defense of food. An eater’s manifesto. Penguin USA.

Scrinis, G. (2013). Nutritionism: The Science and Politics of Dietary Advice. Columbia University Press


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