“¿Imposible?”, es el nuevo testimonio que nos llega de parte de Marce, que nos lo envía desde Almería, España. En su testimonio nos muestra como tuvo que sufrir triplemente, primero por sufrir Trastornos de la Conducta alimentaria (TCA), segundo porque fue invalidada e invisibilizada por parte de su familia y tercera por recibir un mal diagnóstico.
Muchas gracias por compartir tu testimonio, Marce, por mostrar esta realidad, que en muchos casos también viven otras personas y que además se ve agravada por circunstancias adicionales.
Quiero participar ya que sufrí anorexia nerviosa durante años y fui invisibilizada por parte de mi familia y círculo social.
Marce
¿Imposible?
Nadie me escuchaba cuando decía que me encontraba mal tanto física como psicológicamente, todo el mundo decía que eran cosas de la edad. Sin embargo, nadie se limitaba en comentarios sobre mi físico. Mi familia decía que estaba echando mucho cuerpo, que ya con tan solo 15 años, ya tenía más cuerpo que mi madre. En mi red social me comentaban a cada rato que estaba muy gorda. Todos esos comentarios producían en mí un malestar muy grande que hacía que estuviera más horas llorando que riendo.
Todo esto hizo que empezase a preocuparme por mi físico, a bajar mucho de peso, a cambiar mi relación con la comida. Cambié por completo mi comportamiento; estaba muy irascible, lloraba, me enfadaba por cualquier cosa, mis calificaciones cayeron en picadas…
Nadie entendía que estaba ocurriendo, pero tampoco se dignaron a preguntarme y cuando lo
hicieron en alguna ocasión, al intentar explicarlo me decían que eso no era un problema, que me
dejará de tonterías.
La cosa se agravó con el tiempo y acabé internada. Al tener un comportamiento tan desequilibrado, ser menor de edad, no querer hablar y que los médicos se guiaron por lo que mi familia le contaban, fui diagnosticada de TLP (Trastorno al límite de la personalidad). Evidentemente, seguí empeorando, pues yo no me encontraba bien y mi familia estaba cansada de mi comportamiento, tampoco sabían cómo manejar la situación.
Los ingresos continuaron. La diferencia fue que empeoraba en cada uno de ellos, pues dejaba de comer por completo y me limitaba a dormir, por lo que estaba todos los días conectada a un suero. Pero hubo un ingreso que marcó la diferencia. Fue cuando estaba muy bajita de peso, pues me habían
mandado a casa con el diagnóstico erróneo de TLP y seguía con mis problemas alimenticios. Continuar teniendo problemas de la alimentación hizo que tuviese que volver a ingresar. Esa vez me tuvieron aislada, con un suero en vía, pero como yo no cooperaba, todo eso ya no era efectivo. Me estaba muriendo y decidieron colocarme la sonda, pero a pesar de que me colocaran la sonda, si no ponía de mi parte acabaría por fallecer, o eso es lo que los médicos le comentaban a mi familia y a mí.
Tras semanas y semanas internada, y atendida por diferentes especialistas, acabé saliendo de ese infierno. Pero los médicos le hicieron ver tanto a mi familia como alrededores que lo que yo padecía era un TCA no un TLP. Había que tratar mi trastorno alimenticio como tal, ya que invisibilizándolo lo único que se conseguía era que empeorase, pues me hacían creer que no tenía nada importante y yo no entendía la razón por la que sufría tanto.
A día de hoy nadie lo ha entendido por completo qué me sucedía, pero yo sí, que es lo importante. Y aunque no estoy 100% recuperada, sé que nunca más voy a dejar que invaliden mis emociones.
Pues he aprendido que por mucho que crean los demás, los TCA no son un capricho, no es cosa de broma, son algo muy serio, que si no se tratan puede matarte.
¿Imposible? ¿Imposible?



