Testimonio TCA: El camino que necesitaba recorrer

Este testimonio nos habla como a pesar de no haber sido dianosticada de TCA, decidió pedir ayuda y encontrar el camino que tenia que recorrer a la libertad

Esta vez compartimos el testimonio de Julia que nos acerca su historia, con la intención de romper con el tabú que acompañan a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). A pesar de que nunca le han diagnosticado TCA, a querido acercarnos su experiencia con la intención de ayudar a aquellas personas que puedan sentirse reflejadas.

Deseamos que sirva de inspiración y ayude a comprender que no es necesario tener un diagnóstico para pedir ayuda y emprender el camino que lleva a vivir en libertad. ¡Gracias Julia!

El camino que necesitaba recorrer

Mi nombre es Julia y tengo 24 años. Desde que recuerdo, escribir me ha gustado mucho y en múltiples ocasiones poner mis palabras sobre papel ha sido de gran ayuda para expresar mis emociones y sentimientos. Por esto, he decidido ser valiente y escribir mi testimonio, con la esperanza de que mis palabras ayuden e inspiren a todas esas personas que, como yo, estén luchando cada día contra un TCA.

La verdad es que nunca me han diagnosticado con un TCA en concreto y tampoco me gustan las etiquetas, creo que no son nombres que hay que poner porque no definen a una persona. Así que no sabría decir exactamente si lo que he pasado ha sido ortorexia, anorexia o bulimia…Probablemente haya sido una evolución continua en la que una enfermedad ha ido derivando en otra a modo de bucle.

Lo que sí sé es que poco a poco fui desarrollando una serie de conductas que me llevaron a tener una muy mala relación con la comida y el ejercicio, y sobre todo conmigo misma.

Todo comenzó cuando dejé mi casa y cambié de ciudad para empezar a estudiar en la universidad. En ese momento, por alguna razón, sentí que necesitaba un cambio y que una nueva etapa iba a comenzar. Así que, sin apenas darme cuenta, empecé a ser aún más perfeccionista y exigente de lo que ya lo era conmigo misma. No solo con mis estudios, sino también con mi alimentación y el ejercicio que hacía.

De una forma muy progresiva, empecé a crear una serie de normas autoimpuestas alrededor de la comida y el ejercicio. Unas normas con las que cada vez me restringía más cantidad y variedad de alimentos, y que me hacían sentir fatal si me saltaba un día de mi rutina de ejercicio.

Obviamente, estos cambios se reflejaron en mi físico y así fue como adelgacé, a pesar de estar en un peso saludable. Al principio, recuerdo que algunas personas me hacían cumplidos sobre lo delgada que estaba y me preguntaban cómo lo había conseguido, como si estar por debajo de tu peso saludable fuese todo un logro. Todo esto no hizo más que reforzar las conductas del TCA, hasta el punto de sentir que necesitaba ese cuerpo y el control en mi alimentación y ejercicio para tener seguridad en mí misma.

Pero que equivocada estaba…durante unos años estuve sufriendo una enfermedad silenciosa, que yo no pude ver y que se implantó en mí sin darle permiso.

Cuando me quise dar cuenta ya estaba más que sumergida en ella y en sus pensamientos tan tóxicos. Viajar siempre me ha encantado y por eso decidí estudiar el último año de universidad en el extranjero, así que me mudé a otro país completamente diferente, lejos de mi familia y de mis amigos. Fue entonces, cuando ya llevaba un tiempo allí, cuando empecé a sentir de cerca la ansiedad. Una ansiedad que me llevaba a darme grandes atracones de comida y que se seguían de compensaciones con ejercicio y restricciones de comida.

Creo que la gente no se hace a la idea de lo mal que se siente uno, de la culpa y la impotencia que te entra cuando ves que no lo puedes controlar, porque aquí ya no entra la fuerza de voluntad si no el enfrentarte a tu cabeza, que en muchas ocasiones puede ser tu peor enemigo. Esta situación no hacía más que generarme más y más ansiedad, haciéndome entrar en un bucle del que me parecía imposible salir.

Llegados a este punto, sabía que algo me ocurría, había algo en mí que no era normal y que me hacía vivir como en una nube, sin poder pensar ni hacer nada con claridad. Al principio, lo llevé todo en silencio y simplemente pensé que podía salir sola de ese bucle, que no podía ser tan complicado. Sin embargo, ni tenía los medios ni el ambiente a mi alrededor era favorable para recuperarme.

La carga era cada vez mayor, hasta que al final me di cuenta de que necesitaba ayuda. Recuerdo el día en el que por fin pude contárselo a mi madre. No fue fácil poner palabras a algo que no sabía ni cómo explicar, pero sin duda, un paso necesario que tenía que dar para recuperar mi vida. Desde aquel día he vivido en una montaña rusa de emociones, he pasado por muy malas rachas de las que pensaba que no podría salir nunca.

Momentos muy difíciles en los que he llegado a pensar que no quería vivir más y en los que no encontraba las fuerzas para levantarme y seguir adelante. Pero lo importante ha sido aceptar que estos baches son parte del camino, que no lo arruinan todo y que cada día es una nueva oportunidad para seguir mejorando. Sin duda, es un camino de aprendizaje en el que con paciencia, constancia y actitud se va avanzando poquito a poco. Un camino que merece la pena recorrer.

A pesar de todo, el paso por estos años un tanto turbios me ha enseñado mucho y me ha hecho darme cuenta de que es muchísimo por lo que puedo estar agradecida. Gracias a todo esto, estoy aprendiendo a gestionar mejor mis emociones, a tener mejor relación con la comida y con el ejercicio, y sobre todo a quererme y aceptarme tal y como soy. Estoy aprendiendo que mi valía no solo se compone de mis resultados y logros, que soy mucho más que todo eso. Estoy conociéndome y llenando el vacío que han dejado estos años en mí, descubriendo de nuevo todo eso que me hace sentir llena y me enriquece.

Sé que los TCA no afectan únicamente a las personas que los sufrimos directamente, sino que también lo sufren aquellos que se encuentran a nuestro alrededor. Por eso, también quiero dar gracias a mis padres y a mi hermana, porque a pesar de que mi actitud no ha sido la mejor en muchas ocasiones, han seguido apoyándome en todo momento y me han dado todo lo que estaba en sus manos para llegar donde he llegado a día de hoy.

También quiero dar las gracias a mi novio, por escucharme y estar ahí siempre que lo he necesitado. Y como no, a mis amigos que nunca me han juzgado y han seguido a mi lado a pesar de todo. Por último, me gustaría agradecer a los profesionales que se han cruzado en mi camino, personas indispensables que están haciendo que mi recuperación sea posible.

Gracias a todos, por ver lo bueno en mí incluso cuando yo no he sido capaz de hacerlo. Por último, me gustaría decir que no me avergüenzo de contar mi historia, todo lo contrario, me enorgullezco de ella. Muchas veces me he sentido culpable de padecer un TCA, pero con el tiempo he aprendido que, en la mayoría de los casos, son muchos los factores que hacen que una persona acabe pasando por algo así y que nadie elige enfermar de este modo.

Los TCA deben de dejar de ser un tabú, porque van mucho más allá del aspecto físico, son enfermedades mentales que están ahí y que debemos normalizar para que juntos los podamos enfrentar y hacer cada vez más visibles. Siento que es el momento de soltar el pasado, quedarme con lo aprendido y centrarme en el presente para seguir avanzando con firmeza. Es un camino de trabajo continúo que todavía no ha acabado, pero en el que me mantengo con mucha ilusión.

Ahora, me alegra echar la vista atrás, ver cómo estaba hace un año (o más) y sentirme orgullosa de ver todo lo que he conseguido. Ahora, doy gracias de que ya no estoy donde estaba, de que he crecido y sigo aprendiendo, de que todas y cada una de mis experiencias me han hecho ser la persona en la que me he convertido. Sin duda, una mejor versión de mí misma.

Para acabar, me gustaría animar a todos los que estéis pasando por algo parecido a que pidáis ayuda si aún no lo habéis hecho. Sé que da miedo enfrentarse a algo así, pero es sin duda un paso necesario para poder empezar el camino de la verdadera vida. Para los que ya estéis en el camino, solo puedo daros palabras de ánimo. Nunca dejéis de creer en vosotros mismos y vuestras capacidades para conseguir todo aquello que os propongáis, aunque sintáis que no tenéis lo medios perfectos para conseguirlo siempre os tendréis a vosotros mismos.

Como escribió Viktor Frankl: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias – para decidir su propio camino.” Salir de un TCA es posible, ¡Empieza tu camino!

Julia


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