El atracón

Cuando hablamos de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), el atracón parece ser el gran olvidado a pesar de tener una prevalencia superior a la anorexia y bulimia nerviosa. Por eso y porque sabemos que muchas personas que nos seguís sufrís Trastorno por atracón, teníamos muchas ganas de dedicar un artículo. Lo hacemos con este fantástico y necesario artículo de Paola Sabogal donde nos descubre el atracón, con un mensaje que hará entender las razones a las que se debe y por qué se presentan en nuestra sociedad con mayor incidencia que otros TCA. Además encontrarás recursos que podrán ayudar a combatir el atracón.

El atracón


Dentro de su caracterización como Trastorno de la Conducta Alimentaria, el atracón es el de mayor prevalencia, siendo superior que la anorexia y la bulimia nerviosa combinadas. Así mismo, es el trastorno que más comúnmente se manifiesta en hombres y en los últimos años, ha aumentado de manera importante su prevalencia en población transgénero.

De hecho, en contraste con la anorexia y la bulimia nerviosa cuya proporción entre mujeres-hombres es 9:1, el trastorno por atracón se presenta en 4 hombres por cada 6 mujeres.

Pese a su elevada estadística, el trastorno por atracón sigue siendo el más estigmatizado, menos reconocido y, con menor frecuencia, tratado en todos los sexos.

En cierta medida, la forma en que en nuestra sociedad – obsesionada con la autodisciplina – se asume el atracón, produce una profunda estigmatización en las personas que lo padecen. En efecto, es común que los consultantes refieran sentir que “son los únicos” que tienen dificultades para “parar de comer” y que nadie más tiene esa “falta de voluntad” de la que se sienten ampliamente avergonzados.


¿Cómo se define un atracón?


De acuerdo con el DSM-5, un “atracón” requiere el consumo de una cantidad de comida “definitivamente mayor” a lo que la “mayoría de gente” regularmente comería en un período de tiempo similar. Dada la subjetividad que implica establecer tanto la cantidad de comida, como lo que consumiría la gente, un factor muy importante a considerar es la sensación de pérdida de control que acompaña al episodio, así como la angustia, la culpa y la incomodidad física que suelen sobrevenir posteriormente.

Así mismo, es frecuente que el atracón suela desarrollarse a través de una ingesta rápida, casi automática y de poca consciencia que revela una momentánea “desconexión” con las sensaciones corporales. Dada la automaticidad del episodio y la amplia estigmatización que existe en nuestra sociedad hacia las grandes ingestas de comida, es común que el consumo resulte vergonzoso y que tendamos a hacerlo a escondidas (lo que contribuye a la sensación de que nadie más lo experimenta).

Adicionalmente y, a manera de establecer un diagnóstico diferencial con la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón se caracteriza por la no ocurrencia de conductas compensatorias de cualquier tipo (incluidas las dietas y el ejercicio) después del episodio.

Si bien el DSM-5 establece una frecuencia mínima para diagnosticar un “trastorno por atracón”, es importante considerar que, como conducta de riesgo, el atracón genera un profundo sufrimiento que merece ser legitimado y abordado sin desestimar su gravedad, entre otras cosas, porque, de no ser atendido, puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria.

¿Cuáles son las razones por las cuales puedo estar teniendo atracones?


Se resumen algunas de las razones por las cuales puedes estar teniendo atracones:

  • Hambre: Pese a ser una de las causas más comunes y documentadas, suele ser poco reconocida. En general, las personas que presentan atracones se sienten agobiadas por sus “excesos” en el consumo alimentario. Siendo poco evidente que pueden tener horarios desordenados, pasar largas horas sin comer o tener silenciada su hambre por tendencias de dietismo crónico. 
  • Desconexión corporal: Si bien la mayoría de las personas que sufren atracones tienen muy claras sus dificultades para escuchar su nivel “adecuado” de saciedad. Poco suelen reconocer que tampoco sienten plenamente su hambre y en muchos casos, hay miedo de atenderla. Es crucial tener en cuenta que el hambre y la saciedad están conectadas. En la medida en que ignoremos sistemáticamente nuestra hambre, será mucho más difícil escuchar nuestra saciedad.
  • Inseguridad alimentaria: Las privaciones angustiosas, ya sea por falta de acceso a alimentos, por miedo a que alguien nos los quite o por historias de dieta y restricción, configuran una potente razón para que, con ciertos alimentos, la idea de que “puede ser la última vez” nos haga presas del descontrol.
  • Hambre de tejido” o reacción de hambruna: A diferencia del hambre aguda que se presenta a lo largo del día, muchas personas lidian con un hambre crónica que responde a la depleción sostenida de reservas corporales. Está comúnmente se presenta como una amplia dificultad para encontrar la saciedad después de comer. Y no depende del peso corporal o el IMC, sino del estado de las reservas corporales.
  • Restricción en variedad de alimentos. El hecho de tener una alimentación que cumpla con los requerimientos energéticos y en la que uno “no pasa hambre” no necesariamente indica que estemos exentos del atracón. Una de las causas más frecuentes de los diversos tipos de compulsión alimentaria es la limitación en el consumo de una amplia gama de alimentos que se consideran “prohibidos”, “culposos” o “no saludables”.
  • Mecanismo de afrontamiento: El atracón suele ser muy útil para compensar las molestias del estrés fisiológico agudo. Sin embargo, al producir sólo una relajación momentánea que rápidamente es reemplazada por culpa y vergüenza, no sólo nos lleva a dejar nuestras necesidades reales desatendidas, sino que, además, termina por incrementar (aún más) nuestros niveles de estrés.
  • Respuesta a diferentes formas de restricción: La restricción puede manifestarse de diferentes formas. Podemos afrontar restricciones de alimentos, de placer, de variedad o restricciones profundas en nuestra personalidad o en nuestros deseos de libertad. En nuestra sociedad, atravesada por el clasismo, el racismo, la homofobia, la transfobia, la gordofobia, la hiperproductividad, el adultocentrismo y las diferentes imposiciones de autocontrol, es común que enfrentemos diferentes formas de restricción psíquica de nuestros deseos, identidad, personalidad y, en general, de quienes somos. 

El atracón como respuesta biológica:


Pese a todo el estigma que se impone sobre el atracón y la forma en que erróneamente suele asociarse con “falta de voluntad”, comer compulsivamente no es una decisión personal ni algo que simplemente pueda “detenerse” con un poco de intención. En general, los atracones cumplen una muy eficiente función en términos fisiológicos al ser una respuesta biológica a una gran cantidad de situaciones que enfrentamos en el día a día.

Evelyn Tribole, co-autora del libro “intuitive eating” y co-creadora del método de alimentación intuitiva ofrece una maravillosa metáfora al equiparar el atracón a esa “bocanada de aire” que tomamos luego de estar varios minutos sumergidos en el agua. Es a partir de esto que el atracón resulta ser un “impulso vital” que nos abre una vía de “escape” para lidiar con aquello que no sabemos como abordar.

Es importante considerar que, al igual que sucede cuando pasamos un largo tiempo sumergidos en una piscina y al salir, tomamos una bocanada de aire y no una inspiración “controlada”, la inercia fisiológica del atracón lleva a que exista una inminente pérdida de control sobre los alimentos que hacen parte del episodio de compulsión.  

En la fisiología del atracón, podemos identificar un importante incremento en los niveles de estrés en nuestro cuerpo que suelen ser asumidos como “ansiedad”. Este estrés, que puede ser tanto físico (p. ej: aguantar hambre o hacer dieta) como psíquico (emociones y tensiones del día a día) produce diversos cambios fisiológicos en nuestro cuerpo. Como resultado, nuestros sistemas secretan una gran cantidad de hormonas de respuesta de “huida o lucha” que nos recuerdan las épocas en que debíamos correr o pelear ante los depredadores de la sabana africana. 

Como necesidad relevante, la respuesta de estrés requiere una amplia disponibilidad de energía muscular (para huir o luchar). Razón por la cual, no sólo nos sentimos fisiológicamente condicionados a comer sin amplio control “racional”, sino también, a escoger alimentos que proporcionen buena fuente de energía. (Esta es la razón por la que comúnmente no nos atracamos con pechuga y lechugas). De este modo, el consumo de alimentos en diferentes momentos de estrés físico o psíquico produce un efecto de calma y relajación que lo convierten, en muchos casos, en un mecanismo preferente de afrontamiento.

Cabe considerar que, si bien el atracón resulta ser una forma eficiente de afrontar el estrés y las incomodidades del día a día, tiene una amplia falencia: No nos permite resolver los verdaderos problemas al dejarnos con un efecto de “relajación” momentáneo que rápidamente es reemplazado por una sensación de culpa, vergüenza y fracaso que, en últimas, sólo producen una mayor elevación en nuestros niveles de estrés. Es por esto por lo que, el trabajo prioritario es encontrar las causas raíz y poder abordarlas para no necesitar usar nuevas vías de “escape”. 

¿Qué recursos puedo emplear? 


Estas son algunas estrategias que pueden serte útiles. Ten en cuenta que son recomendaciones generales y no reemplazan el trabajo específico que puedes hacer con un profesional de salud:

  • Come regularmente. Haz una revisión de tu relación con la comida y tus consumos habituales. Sobre todo, procura estar atentx a las diversas formas de restricción que puedas estar empleando. Sea en cantidades de alimentos, tiempos de comida o en variedad. 
  • Atiende a tu hambre. Si bien puede ser agobiante a veces sentir hambre dado el inmenso miedo de caer en un atracón, es importante atenderla cuando esta se presenta. Justamente para evitar la pérdida de control que puede sobrevenir al ignorarla.
  • Normaliza todos los alimentos. Realiza un listado de las creencias que tienes sobre la comida. Particularmente, de aquellas que remiten a nociones demasiado polarizadas sobre lo que se puede o no comer, etiquetado como alimento “prohibido”, “poco saludable”, “chatarra”, etc. Empieza a incluir aquellos alimentos que te producen resistencia en tu alimentación habitual, introduciendo placer y satisfacción en cantidades y consumos regulares. 
  • Cuestiona tus creencias. Identifica las creencias de cultura de dieta que están operando en ti y la forma en que condicionan tu alimentación y tu relación con tu cuerpo. 
  • Cuestiona el ideal de pérdida de peso. La intención de modificar tu cuerpo a través de la alimentación puede interferir con el alcance de una relación tranquila con los alimentos que te generan compulsión. Ya que este proceso puede resultar supremamente doloroso, pide ayuda de un profesional en cada paso que consideres necesario. 
  • Cuídate de la intención de restringir para “frenar el atracón”. Si bien es una herramienta útil en el corto plazo. Usar la “voluntad” y la restricción para parar tus deseos de comer puede llevarte a exacerbar el atracón en el largo plazo.
  • Come en presencia plena. El mindful eating aplicado, principalmente a los alimentos que resultan “problemáticos” ha demostrado ser una estrategia muy eficaz para empezar a normalizar y neutralizar nuestra relación con la comida.
  • Lleva un diario de tus emociones. Ten presente que el atracón es una “bocanada de aire” de algo mucho más profundo. Por tanto, suele traer una información muy valiosa sobre nuestros estados emocionales. 
  • Respeta a tu cuerpo y trátalo bien. Demuéstrale amor a tu cuerpo de formas no relacionadas con la comida. (P. ej: dándole descanso cuando lo necesita, atendiendo su comodidad, cuidándolo si está enfermo, tomándose pausas en el trabajo para estirar, etc). 
  • Practica la autocompasión: El atracón suele ser un “indicador (como una “banderita roja”) de que algo importante está sucediendo contigo. No es simplemente un “enemigo” a erradicar sino la respuesta biológica de tu fisiología y tu psique a algo que merece tu atención.
  • Ten presente que los atracones, al igual que otras conductas de riesgo y trastornos de la conducta alimentaria, son “síntomas” que esconden raíces muy profundas. El apoyo de un equipo especializado en trastornos alimentarios y conductas alimentarias de riesgo es fundamental. Les necesitarás para poder abordar las raíces y no solamente “frenar” superficialmente el comportamiento.

Para finalizar…

Lo que queremos transmitirte principalmente con este artículo es:

  1. No estás solx. Hay millones de personas en el mundo viviendo lo mismo que tú. La razón principal de que no lo sepas es que, al igual que tú, sienten que deben esconderse y sentirse culpables y avergonzados.
  2. No hay nada malo en ti. Las razones por las que sucede un atracón no son fallas o anormalidades. Desde vivir inmersos en la cultura de dieta en que nos encontramos hasta las amplias restricciones en tu personalidad resultado del racismo, la homofobia, la heteronormatividad, la gordofobia, el capitalismo, entre otros, pueden llevarte a tener atracones recurrentes.
  3. No es tu culpa. Existen múltiples razones por las cuales terminamos dándonos un atracón y ninguna de ellas tiene que ver con la “falta de voluntad”. Seguro ya has intentado mil veces “controlarte” y no lo has logrado, ¿verdad?
  4. No eres un caso perdido. No tienes por qué acostumbrarte a tu sufrimiento con la comida o a tener miedo de tener tu despensa llena. Asesórate y acompaña tu proceso de la mano de profesionales que trabajen a través de un enfoque inclusivo de peso y salud en todas las tallas (HAES).

También te puede interesar la charla en directo con Paola Sabogal donde hablamos del atracón. (Ver aquí)

Referencias del artículo «El atracón»:

· Cashin-Garbutt, A. (7 de Noviembre de 2013). Diets and the famine reaction: an interview with Associate Professor Amanda Salis, University of Sydney. Obtenido de News Medical Life Sciences

· The Binge Eating Therapist. (20 de Septiembre de 2020). Do I Have Binge Eating Disorder? Obtenido de The Binge Eating Therapist

· Zoller, C. (18 de Agosto de 2020). Ask a Fat Girl: Eating Disorders Happen at Any Size. Obtenido de Teen Vogue.

· Body Matters Australasia. (s.f.). DSM-V Diagnostic Criteria for Eating Disorders. Obtenido de Body Matters Australasia

· Graham, C. (2018). Recognizing, Treating, and Coping with Binge Eating Disorder. Obtenido de NEDA

· Guerdjikova, A. I., Mori, N., Casuto, L. S., & McElroy, S. L. (2019). Update on Binge Eating Disorder. Med Clin N Am, 669-680.

· Hilbert, A. (2018). Binge-Eating Disorder. Psychiatr Clin N Am, 1-11.

· Sethi Dalai, S., Sinhab, A., & Gearhardt, A. N. (2020). Low carbohydrate ketogenic therapy as a metabolic treatment for binge eating and ultraprocessed food addiction. Curr Opin Endocrinol Diabetes Obes, 1-8.


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