Testimonio: Anorexia inversa

Testimonio que habla de la anorexia inversa, un tipo de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) que aun es un gran desconocido...

Cuando hablamos de Trastornos de la Conducta Alimentaria se suele asociar a anorexia o bulimia nerviosa. Pero dentro de los TCA se encuentran algunos tipos que aún son grandes desconocidos. Esto hace que quien lo sufre sienta un mayor estigma, por eso cuando Claudia nos escribió contándonos su caso creímos que era muy necesario darle visibilidad. ¿Conoces la anorexia inversa? Claudia nos la acerca a través de su propio testimonio.

La otra cara de las mujeres reales:
Anorexia Inversa

Testimonio que habla de la anorexia inversa, un tipo de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) que aun es un gran desconocido...
Foto que hice cuando me fui de erasmus a burdeos.
Mucho culo y muchas tetas jaja que era básicamente lo que quería.

En todas las historias hay dos partes. Dos visiones. Dos perspectivas. Dos realidades. Dos verdades. Es así.

Durante años, se ha asociado la belleza con la delgadez. Mujeres y hombres han sufrido enormemente por intentar encajar en el estrecho molde de lo que la sociedad ha considerado como bello. Cuerpos esbeltos, esculpidos y perfectamente proporcionados. Difícil. Es normal que después de tanto tiempo de presión, comparación, obsesión, represión, sufrimiento y agotamiento surgiera algún tipo de movimiento o protesta que promoviera un cambio, un cuestionamiento de los cánones de belleza a los que estamos sometidos, una defensa del cuerpo “real”.

La manera en la que yo percibí esa protesta fue con la crítica a la delgadez y el elogio a las curvas. Mujeres con curvas, “reales”, mujeres “de verdad” es lo que escuchaba una delgada joven adolescente y lo que se preguntaba esa delgada joven adolescente era: ¿Si no tengo curvas, no soy una mujer “real”? ¿Por qué el entorno cuestiona mi delgadez? ¿Ser delgado es algo antinatural? ¿Malo quizás? ¿Por qué me llaman flaca y a una gorda no le llaman gorda? Aquí es donde entra en juego la segunda perspectiva de esta historia.

Todo comenzó de manera muy insignificante, simplemente comiendo un poco más. Más adelante, mi joven yo, a escondidas, compraba comida para comérsela después de cada comida y cena asegurándose de esta manera la ingesta de suficientes calorías para poder engordar.


Empezó a contar calorías, cuantas más, mejor. También empezó a pesarse todos los días varias veces al día para ver ese aumento de kilos que le producía tanta satisfacción. Empezó a medirse las piernas, los brazos y las caderas para ver el incremento de esos centímetros y sentirse orgullosa de su cuerpo. Las obsesiones, manías y rituales comenzaron a descontrolarse. Todas las noches se hacía una foto para ver si en ese día había adelgazado algo. Fotos desde todas las perspectivas. Respiraba aliviada cuando no veía diferencia con la foto del día anterior. Le producía ansiedad la idea de tener que andar, correr o hacer algún tipo de ejercicio físico ya que veía posible adelgazar kilos y kilos. Se forzaba a hacer cinco comidas al día y si se saltaba una o consideraba que no había comido suficiente ese día, se obligaba a comer algo antes de ir a dormir para estar tranquila.

Siempre llevaba comida encima, necesitaba ese control. Siempre se comparaba, necesitaba ser la persona con el culo y los muslos más grandes ¿El problema? No era capaz de verlo, seguía viendo su culo pequeño y sus piernas delgadas.

Sin darse cuenta, estaba cayendo en las incomprendidas garras de la “anorexia inversa”.


«¡Vaya trastorno más raro!», «¿Tener miedo a adelgazar? ¿Por qué? «. No se entendía mi obsesión por querer engordar, por querer ser una mujer “real” pero por otro lado, se criticaba y cuestionaba mi delgadez.

Afortunadamente, cada vez más, se está hablando sobre las consecuencias que traen consigo los estrictos estándares de belleza. Sin embargo, solo se miran desde una perspectiva: mujeres sufriendo por intentar conseguir la ansiada delgadez y que desgraciadamente, en ocasiones, ese objetivo provoca el desencadenamiento de enfermedades como la anorexia o la bulimia. Como dicho, en todas las historias hay dos partes. Dos visiones. Dos perspectivas. Dos realidades. Dos verdades. Es así. La otra perspectiva de esta historia es que también existen mujeres sufriendo por intentar cumplir esa imagen de mujer “real” y en ocasiones ese objetivo provoca el desencadenamiento de enfermedades como la “anorexia inversa”.

Es importante ser consciente de las diferentes realidades que provoca esta situación para así poder ayudar a las personas a solucionarlas. Existe el miedo a engordar y si, también existe el miedo a adelgazar.

Hemos querido solucionar un problema desde una perspectiva y sin darnos cuenta, ha surgido otro. Construir sin destruir, pienso. Ser conscientes de las dos caras de una misma moneda.


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