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Testimonio: Rutina

Rutina pertenece al libro No todos los pajaros vuelan de Masku Riquelme donde refleja su vivencia al sufrir un TCA junto otros temas que pueden ser de ayuda

Hace unas semanas Masku Riquelme nos escribió para dar a conocer su libro «No todos los pájaros vuelan». Queremos hacerlo compartiendo su testimonio Rutina, fragmento de su libro. Un libro que refleja su vivencia al padecer un Trastorno de la Conducta Alimentaria junto a otros temas que pueden ayudar a personas que sufren este problema.

En este libro se despliega un mundo con largas noches y días cortos. Las palabras bailan sobre el papel descifrando sentimientos y emociones que, en mayor o menor medida llegarán al lector ofreciendo la posibilidad de acceder al huracán de emociones que supone vivir, y las consecuencias que las vivencias desencadenan en quien las experimenta. La perspectiva de la autora nos invita a replantearnos conceptos como el presente, el dolor, el amor o la muerte; desde un enfoque que desfila entre la poesía y el relato. Plumas negras firman cada texto como partes del alma de la autora, que nos abre las puertas de algo que para muchos será desconocido, mientras que para otros supondrá la posibilidad de sentir con ella y darse cuenta de que al final, nunca estamos solos; aunque estar rodeado de gente no signifique estar acompañado.

NO TODOS LOS PÁJAROS VUELAN de Masku Riquelme


Rutina


La luz anaranjada de la habitación contorneaba las desfiguradas estructuras que componían el cuarto.

En medio de la noche, millones de pensamientos se arremolinaban en su mente; haciéndose más notables y monstruosos en el silencio, interrumpido por algún coche rezagado que ansiaba llegar al fin de su jornada.

Sentimientos con un origen que casi no recordaba afloraron al sentir en su presente destellos de lo que fue su pasado.

Heridas de una guerra para la que no se alistó. Cuchillos que pendían de su corazón destrozado, y de los cuales ya no sabía diferenciar si eran parte de ella o no. ¿Qué más daba en realidad?

Cumplía a la perfección con su papel de persona: cada mañana se levantaba y cogía el autobús a las 8. Daba las gracias a la camarera que le servía el café antes de entrar al trabajo. Algunos días hasta se maquillaba un poco la cara, causando impresión en aquellos que conocían la característica sencillez de su personaje.

Pero nadie escuchaba los gritos de auxilio de su alma mientras sonreía a la camarera o escuchaba música en el autobús.

Nadie se percataba de la estela de sangre y plumas que descifraba la trayectoria de sus pasos.

Tampoco lo necesitaba.

O de eso había intentado convencerse desde pequeña.


Mientras luchaba en silencio, lloraba en el último baño de los aseos del instituto, se tapaba los oídos intentando acallar voces que provenían de su interior y sentía cómo su identidad se enterraba en vida, asfixiada por la realidad de un mundo cruel.

Hay quien dice que las personas que lloran son débiles.

Hay quien dice que los que no tienen miedo son los más valientes.

Y yo os digo que quien dice todo esto es tan hipócrita como ignorante. Porque solo alguien que nunca ha sentido una situación así podría creer esa falsa verdad.

Porque nadie verá nunca las lágrimas con reflejo naranja que se desvanecieron en aquella habitación.

Ni nadie sabrá el miedo que sentía cada día al despertar. Miedo a ese demonio que residía en su interior.

A que llegue la mañana en que no tenga fuerzas de plantarle cara y a que su carcajada sea lo último que nadie escuche,

Cuando la bombilla naranja se apague.

NO TODOS LOS PÁJAROS VUELAN DE MASKU RIQUELME

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