Testimonio TCA: Adicción pero no a las drogas

"Adicción pero no a las drogas" es un testimonio que muestra como la presión estética y pesocentrista actúa dentro del mundo de la danza..

Nos encanta poder compartir el testimonio de Daly, que nos escribe desde Guadalajara, Jalisco, México, sobre su Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Testimonios como el suyo nos hacen ver cómo la presión estética y pesocentrista actúa sobre las mujeres o, por ejemplo, dentro del mundo de la danza.

Gracias Daly por compartir con nosotrxs tu historia con los TCA y por seguir visibilizando.

Me encontré con Proyecto Princesas en un grupo de facebook de TCA. Me parece maravilloso el blog, sobretodo porque nos dan la opción de compartir, ¡en verdad me encanta! Muchas gracias por esta propuesta. Siempre había querido escribir un poco sobre mi experiencia pero no sabía por dónde empezar.

Adicción pero no a las drogas

Antes de ingresar a la universidad de danza en la que estoy actualmente, siempre tuve problemas con mi físico para ingresar a otras universidades, en las audiciones siempre hacían cierto tipo de menciones como: «eres muy buena, pero… hay que ir con el nutriólogo’’, «te aceptamos con la condición de bajar de peso’’, «eres una niña muy inteligente y sabrás cómo bajar la grasa de las piernas’’… entre muchas cosas más.

Realmente es duro escuchar esos comentarios porque comencé a no aceptar mi cuerpo y, cuando empecé a ir con las nutriólogas de mi escuela actual, también escuché comentarios como ‘’estarías bien de grasa corporal si fueras una persona que estudia todo el día frente a la computadora, pero estudias danza…’’.

Trataba que no me afectase, pero llegaba a un punto en el que comencé a pensar: «si mis piernas fueran delgadas, tal vez pudiera elevarlas más en los ejercicios para la clase de ballet o tuviera mayor elevación para saltar’’, «me vería mejor con el uniforme», «me vería más larga en escena», «me vería como una verdadera bailarina profesional» y si siguiera, no podría terminar con la lista de pensamientos que tenía.

Es duro y doloroso porque, por más que hacía dietas al pie de la letra sin tener ninguna falla, junto con todo el ejercicio extra que realizaba, aun así nunca era suficiente para mí, siempre quería más y más, como un adicto a las drogas, porque al verme de nuevo al espejo no había cambios para mí, todo seguía totalmente igual. En vacaciones podría estar horas frente al celular navegando en internet para encontrar nuevas dietas reductivas express.


Llegué al punto de compararme con otras personas de mi entorno y con personas que encontraba en las redes sociales que se dedicaban a la danza. Mi pensamiento siempre era que nunca tendría el cuerpo de una bailarina atlética profesional. La ansiedad de todo esto era devastadora porque sí, quería comer, pero simplemente no podía hacerlo.

Iba a la cocina y me pasaba más de una hora parada frente a las golosinas que me encontraba en casa, no resistía y comenzaba a comer, a comer y a comer sin parar, sin pensar, casi sin respirar, pero a las pocas horas el sentimiento de culpa me carcomía de manera increíble, dejándome en un estado que me hacía llorar, entrar más en la ansiedad y caer en depresión por días o semanas, realizando ayunos prolongados con una carga excesiva de ejercicio para compensar todo lo que había ingerido, cayendo en la ansiedad otra vez y comenzando las ganas de pegarme un atracón de nuevo… se vuelve un círculo vicioso sin fin.

Llegué al punto de pensar en alguna estrategia para no caer en ello, que simplemente era meterme a la boca algún alimento que quisiera, masticarlo y luego escupirlo, o simplemente tirar los alimentos que me dieran ganas y miedo de comer al mismo tiempo.

Me deshacía de todo, pero yo sabía que realmente esa no era la solución, que algo en verdad no estaba bien. Me daba terror comer públicamente, socializar y convivir con mis familiares. Ya nada era igual, no me sentía bien, tenía miedo de comer en las reuniones y mi única solución era no acudir.

Desgraciadamente, a la par, estuve en una relación con un chico que no respetaba mi físico, mi persona ni mis decisiones como mujer. Siempre me mencionaba que deseaba que fuera más femenina, que fuera más atrevida y que me arriesgara a todo. Le gustaba manipularme y hacerme a su antojo, y simplemente le pedía que, si yo podía aceptar mi esencia como persona, él también podía hacerlo, pero nunca sucedió.

Se molestaba porque no le enviaba ‘’nudes’’, o porque yo no quería desvestirme frente al celular cuando hacíamos videollamadas; tocaba mi cuerpo de una forma que siempre le decía que no me gustaba y no le importaba, y eso me hacía sentir aún peor con mi físico, sentía que tenía la autoestima por el suelo.


Afortunadamente mis padres, mis compañeras de la universidad y mi novio actual han sido un gran apoyo para mí en este último año. Siempre me escuchan, apoyan y extienden la mano cuando tengo mis altas y bajas.

Comencé teniendo apoyo psicológico y nutricional de excelente calidad. Hay días buenos y malos, poco a poco me he querido más, me he aceptado mejor y he comenzado una relación más sana con la comida. He comprendido que nada en exceso es bueno, que siempre hay que encontrar un equilibrio en todo.

Hoy puedo mencionar que disfruto de mi carrera más que nunca.

La danza es bellísima, es increíble. Gracias a varios trabajos de la universidad he podido compartir mi experiencia con el TCA, me ha ayudado hablarlo y a no tener miedo de compartirlo a través del cuerpo. Es un proceso difícil pero no imposible, yo nunca pensé en pasar por todo esto.

El TCA es demasiado silencioso y sigiloso, tanto que no te das cuenta de que está ahí hasta que la bomba explota y ves que algo en realidad no esta bien.


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