Testimonio: Tonterías de niñatos

Testimonio que cuenta su experiencia con los TCA recordándonos la dureza de los mismos y cómo aparecen en nuestros momentos de máxima vulnerabilidad...

Compartimos el testimonio de Melani que nos cuenta su experiencia con los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) recordándonos la dureza de los mismos y cómo aparecen en nuestros momentos de máxima vulnerabilidad.

Esperamos que encuentres la ayuda que necesitas y, sobre todo, ¡que no te rindas en ningún momento! Nosotras confiamos plenamente en que podrás alcanzar la recuperación, no dejes de luchar.

 Tonterías de niñatos

Hola, me llamo Melani, tengo 18 años y afirmo que tengo un problema de TCA. En mi caso mastico y despues vomito. Llevo así más de 3 años.

Recuerdo que todo empezó en el instituto, en la etapa de primaria. Recuerdo en 1º de ESO a todos metiéndose con mi físico.

Ese curso fue difícil porque hacía 3 años que había empezado a nadar en un equipo de competición. Entrenaba de seis y media a once de la noche. Eso me mataba porque soy una niña de querer siempre destacar en las notas.

Empecé a no acudir a los entrenamientos algunos días para estudiar, cosa que a mis entrenadores no les gustaba. Por la misma época, mis propios compañeros de natación (con los que convivía más que con mi familia, ya que algunos días entrenaba también por las mañanas de seis a ocho y luego otra vez por la tarde) se burlaban de mi físico.

Ese año fue duro, pero pasó y comencé 2º. En el segundo trimestre, justo después de navidad, a mi padre le detectaron un cáncer de mamá. Mi hermano estaba en Sevilla estudiando, así que mi madre y yo teníamos que cuidarlo. Como tenemos una empresa propia, cuando llegaba del instituto me tocaba tener la casa limpia para mi padre. Había que hacerlo ya que tenía las defensas bajas, además de cuidarlo, sacar mis estudios y entrenar.

Esa vivencia hizo que perdiera mi infancia. Tuve que pasar de ser una niña de 12 años (cumplo en diciembre) a tener que ser como una mujer adulta en su casa.

La relación con mis compañeros de natación empeoró, hasta llegar el punto de hacer juegos en los que tenían que huir de mí. Para mí, ir a entrenar era llorar, sentirme incómoda y observada… Pero como era lo que había hecho desde hacía mucho me daba miedo dejarlo. Por lo que seguí hasta junio del paso de 3º de ESO a 4º, cuando decidí empezar baile de competición y acrobacias. Dos deportes que había hecho de pequeña y que me fascinaban.

Ese paso de cambiar de deporte fue lo que hizo que cambiara mis hábitos y empezará con el TCA. No quería ponerme más gorda al dejar de entrenar tantas horas al día, así que empecé a hacer mucho deporte y a «cuidar» mi comida.

No sé cuándo empecé a tener un problema, que es que el tubo del esófago se me cierra y la comida me viene para arriba, por lo cual sin hacer muchos esfuerzos me vuelve a la boca para escupirla.

4º fue increíble. Conocí a muchísimas personas en el instituto al mezclar las clases. En baile conocí a multitud de personas y ciudades, e incluso países, al clasificarnos para el europeo (en el cual quedamos subcampeonas). Pasé a bachiller, cosa que no me agradaba, pero por mis padres tuve que meterme y hacerlo.

Aquí empecé a sentirme como observada. Me daba miedo hablar porque, al haber estado tanto tiempo en natación, había perdido mi vida social. Mis compañeros hablaban de salir de fiesta, de estar con sus novios, beber, etc.. Y yo aún era muy inocente y no había vivido nada de eso.

En septiembre de ese año de 1º de bachillerato, el primer día de clase, bajando andando con mis amigas del instituto a mi casa me paró un niño alto, hiper rubio, con pecas, gafas y ojos azules que cambió mi vida.

Resultaba que era mi primo hermano con el que me llevaba 2 años, y llevábamos 5 años sin vernos ni hablarnos por enfrentamientos familiares. Él no me dijo que era mi primo, solo me preguntó si era Melani. Yo le respondí que sí. Pero cuando le pregunté qué quién era, la niña que lo acompañaba dijo que tenían prisa y se fue sin decírmelo.

Bajé el resto del camino con cierta intuición y alegría porque creía que era mi primo, y mi mente hizo clic. Se me ocurrió buscar si aún tenía su número de móvil. Le escribí para preguntarle si era él quien me había parado bajando del instituto, a lo que me respondió que sí. En ese momento no entraba en mí.

A partir de ese día hablábamos casi todos los días por WhatsApp. Me preguntaba por mi familia, todo esto sin que nuestros padres lo supiesen. El 28 de febrero habíamos quedado para ir al cine juntos y quedar en persona por primera vez. Pensamos en contarle a nuestros padres que nos hablábamos, pero esa mañana mi madre me dijo que nos íbamos de viaje y que hiciera la maleta. Lo llamé para avisarle de que no iba a poder quedar porque me iba de viaje, y que a la vuelta nos veríamos.

Antes de irnos de viaje, a las 13:07, mi padre estaba en la ducha, apunto de meterse, con el pie ya casi dentro, cuando recibió una llamada de mi abuela (su madre). Llamaba para decirle que Javi, mi primo, había muerto.

No se me van a olvidar esas palabras nunca. En ese momento lo único que se me vino a la cabeza era «es mentira, sólo llaman para joder porque hoy nos vamos de viaje», pero no. Tras eso, rompí a llorar y pedí que me llevaran a la UCI a verlo. No me lo creía. Sólo podía llorar y pensar que era una pesadill de la cual no despertaba.

Al llegar, con las piernas temblando y con ganas de chillar y patalear con impotencia, vi a mi abuela sentada en las sillas de la UCI. Estaba llorando desolada, y mi tía abrazando a mi padre (con el que se llevaba a matar), pidiéndole perdón y diciéndole que se habían llevado a su hijo. Mi padre pegaba puñetazos a la puerta de la UCI diciendo «Maite, dime que es mentira».

Yo no sabía que hacer después de 5 años sin verlos, incluso con órdenes de alejamiento hacia nosotros. Al ver a mi tío, que estaba inmóvil, no podía moverme. Vino, me abrazó y me dijo «qué guapa estás». Yo sólo le preguntaba que dónde estaba mi primo, que lo quería ver.

Me contó que había entrado a las diez y media al hospital, con dolor de cabeza y las piernas flojas pero riendo, y que había muerto en dos horas y media por una meningitis bacteriana que le había provocado cuatro paradas cardíacas. Aun así quise entrar. Era una sala fría y lúgubre, y él estaba ahí, tumbado, con los labios morados y morada entera la cara. Me sacaba una cabeza y media, y parecía que estaba durmiendo.

Yo solo podía llorar, tenía angustias y quería vomitar. En ese momento escuché de fondo a una niña pequeña chillando, preguntando que dónde estaba su hermano. Era mi prima, Sofía, que tenía 9 años en se momento y que en dos semanas cumplía los 10. Decidí salir e ir a tranquilizarla. Ella me miraba raro, pero era normal.

El velatorio del tanatorio lo pasé sin dormir, a base de cafés, y los días de después solo lloraba a escondidas de mis padres y pensaba que estaba en un sueño. No dormía, tampoco iba a clase y en mi cabeza no podía pensar nada más que en él.

Tras dos semanas de su muerte era el cumpleaños de su hermana pequeña, Sofía. Yo me quedé ese día en su casa a dormir. Estando allí anunciaron el confinamiento total por el COVID19. Eso fue el remate que me trastocó y me hizo empeorar muchísimo.

Me quedé en muy pocos kilos. No quería está con mi familia, estaba siempre en la cocina excusándome en mis clases online, llorando cada dos por tres a escondidas, durmiendo menos de cuatro horas. Ni siquiera hablaba por WhatsApp con mis amigos, solo con mis entrenadores, en especial con el de acrobacias que es como mi hermano.

Dejó de venirme la regla, estaba siempre débil y con llagas en la boca… me salieron caries y los dientes se me debilitaron, además de empezar a caérseme el pelo.

Hasta hace poco que mi madre me pilló y me amenazó con internarme, se lo contó a mi padre y me regañaron. Me llevaron a un psicólogo, pero no me gustaba porque no me sentía cómoda. Me obligaron a alcanzar un peso mínimo para poder ir otra vez a bailar. Lo cumplí todo pero recaí, y otra vez bajé hasta que ya mi madre se puso más seria aún.

Hoy he encontrado vuestro directo buscando soluciones para acabar con esto, y me ha motivado un montón. Mi madre ya ha perdido la confianza en mí, pero le voy a demostrar que voy a superarlo.

Melani

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