Atracones y estigma de peso

De los TCA, el atracón es la conducta de riesgo y el trastorno alimentario más común, sin embargo es del que menos se habla. Te hablamos de los atracones...

De los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), el atracón es la conducta de riesgo y el trastorno alimentario más común, más que las conductas anoréxicas o bulímicas combinadas. Sin embargo el atracón es el menos tratado, más desatendido, negado y estigmatizado de todos los comportamientos alimentarios que marcan nuestra relación con la comida.

Paola Sabogal nos descubre en este nuevo artículo el estigma que acompaña a los atracones, haciendo una llamada de atención a la sociedad y a los profesionales de la salud con la intención de reducir los índices de personas que sufren de atracones.

Atracones y estigma de peso

En una sociedad como la actual, en que el tamaño del cuerpo y el comer se encuentran entrelazados con nociones morales de mesura, moderación, disciplina, éxito y salud; el atracón alienta la génesis del estigma del que se considera uno de los más grandes “fracasos sociales”: la rebelión tajante a la domesticación de la dieta.

Vivimos en una sociedad que idealiza cuerpos delgados, pero también, alimentos, patrones de comida, frecuencias, actitudes y comportamientos en torno a la alimentación. Nuestra forma de comer se ha convertido, de la manera más sorprendente, en el pasaporte de entrada al mundo social, en la garantía de respeto y dignidad y, de la forma más contundente, en un mandato moral que designa la virtud. En efecto, en un entorno de redes inundadas de cuerpos y recetas, el comer, ha dejado de ser una dimensión más de la vida, para convertirse en nuestra principal credencial de presentación en el mundo social.

Desde las primeras alusiones a la gula, hasta las menciones actuales que clasifican cualquier salida de la dieta como un “pecado”; el comer, ha dejado de ser una necesidad fisiológica, una fuente de sustento, un vínculo de amor materno, un espacio de cuidado y contención emocional para, paulatinamente, tornarse en un terreno de juicio, de estigma y vergüenza. De ahí que, el atracón se haya convertido en una de las conductas más estigmatizadas, susceptibles de juicio y, por supuesto, más vergonzosas para quienes la padecen, llevando a mantener el sufrimiento en secreto y asumiendo la mediática explicación anclada a la “falta de control”.

El efecto del estigma en la búsqueda de tratamiento:

Pese a ser la conducta de riesgo y el trastorno alimentario más común (más que las conductas anoréxicas o bulímicas combinadas), el atracón es el menos tratado, más desatendido, negado y estigmatizado de todos los comportamientos alimentarios que marcan nuestra relación con la comida. De hecho, se cree que el trastorno por atracón es mucho más común de lo que muestran las investigaciones, pues aquellos que lo sufren, optan por no buscar tratamiento por la culpa y vergüenza que reviste – en nuestra sociedad – cualquier comportamiento de “no moderación” con la comida.

Adicionalmente, la idealización mediática que ha creado narrativas sobre los trastornos de alimentación como condiciones de mujeres, blancas, delgadas y privilegiadas, ha llevado a que muchas personas que padecen atracones y no cumplen con estos estereotipos, sientan que no están “suficientemente enfermas” como para buscar ayuda.

Los estigmas que se cruzan:

En contraste con los estereotipos culturales de los trastornos alimentarios, el atracón suele asociarse en el ideario social con un incremento de peso que aumenta los grados de estigmatización al entrelazarse con la gordofobia que persiste en nuestras sociedades actuales. 

Pese a que la prevalencia de atracones en diferentes categorías del espectro de IMC no difiere de forma importante, la gordofobia y el estigma sobre el comer llevan a que, principalmente, las personas gordas o de cuerpos grandes, se resistan a buscar ayuda, enmascarando su condición al máximo en virtud de la vergüenza y culpa que conlleva. 

El “remedio” que se convierte en enfermedad:

En la mayor parte de los casos, las personas gordas/de cuerpo grande que consultan por atracones suelen ser abordadas con interminables discursos sobre el daño que hace a su salud su incapacidad de “controlarse” o “tener voluntad”, algo que, además de no corresponder con la psicopatología en curso, incrementa la angustia y el estrés que se vive en medio de la condición. Adicionalmente, la recomendación primaria de los profesionales de salud promueve la “contención” de los atracones a través de la restricción alimentaria, la dieta y la pérdida de peso; todas acciones altamente contraindicadas en el abordaje de cualquier trastorno alimentario.

Cabe señalar al respecto que, en la mayoría de las personas que cursan atracones, es común encontrar un patrón restrictivo con la alimentación o una historia dietante que anteceden a la aparición de los episodios de compulsión. Para ampliar la información sobre las causas de los atracones, puedes consultar la entrada anterior de nuestro blog: https://proyectoprincesas.com/tca-el-atracon/

En efecto, la restricción promovida por la cultura de dieta resulta ser un factor fundamental en los diferentes tipos de compulsión alimentaria como resultado del trauma de hambruna que produce la dieta (es preciso aclarar que, para nuestro cuerpo, la hambruna, sea esta voluntaria o involuntaria, es siempre, una vivencia de trauma). De hecho, se calcula que los atracones se presentan en aproximadamente treinta por ciento de las personas que buscan tratamientos para la pérdida de peso y que, con frecuencia, son (y han sido) sometidos a múltiples dietas a lo largo de sus vidas.

El estigma y la respuesta de estrés:

Diversas investigaciones en los últimos años han demostrado la forma en que el estigma hacia poblaciones marginadas – y, particularmente hacia cuerpos grandes – resultan en variadas afectaciones a la salud física y mental a través de la respuesta de estrés fisiológico que se desencadena.

En el caso de nuestras sociedades, ampliamente gordofóbicas, el estigma por el atracón lleva a que las personas se sientan culpables, avergonzadas y supremamente incomprendidas. Razón por la cual, el atracón suele vivirse en silencio y aislamiento. Es por esto que, pese a que el atracón sea tan común en nuestra cultura dietante y gordofóbica, quien lo vive experimenta soledad y suele creer que nadie más siente esa misma angustia frente al deseo de comer alimentos.

Es común que los relatos de lxs consultantes expresen la profunda angustia de sentirse “incorrectos” e “incapaces” de controlar sus impulsos cuando todas las personas que ven a su alrededor lucen tan tranquilas frente a la comida.

Cabe agregar que, además de producir una respuesta inflamatoria fisiológica directa, el estrés resultado del estigma ha demostrado producir incrementos en la ingesta de las personas a quienes se dirige. Siendo este un factor predisponente para el desarrollo de atracones. 

En consecuencia, se hace cada vez necesario que la atención en salud, así como los esfuerzos de la salud pública, viren hacia un abordaje peso-inclusivo que sea sensible a las diversas maneras en que el estigma de peso está produciendo y agravando los trastornos alimentarios en nuestras sociedades. 

Un llamado a la acción:

Sea como conducta de riesgo o trastorno alimentario, el atracón, no es menos grave. Ni merece menos atención que otros problemas en la relación con la comida. Por el contrario, la gordofobia, el estigma y los mandatos culturales de la dieta tienen un efecto directo en su génesis y desarrollo, y muchas de las perspectivas de tratamiento siguen promoviendo su abordaje desde un impulso a la restricción que termina por agravar la condición.

Como profesionales de salud, necesitamos sensibilizarnos con nuestros sesgos gordofóbicos para detectar tempranamente y atender el sufrimiento de quienes padecen estas condiciones. No podemos seguir tratando los atracones con menor consideración o ignorar su severidad. Dos cosas que sólo contribuyen a perpetuar el aislamiento y la segregación social de quienes los padecen. 

Es hora de retar las narrativas de “voluntad”, “disciplina” y “falta de control” que sólo profundizan el daño y reproducen vergüenza. Reavivar nuestro compromiso con la salud y el bienestar requiere alentar espacios seguros y de confianza. Donde todas las personas se sientan protegidas, acogidas y acompañadas, no juzgadas y avergonzadas.

Como sociedad, tenemos la responsabilidad de trabajar en nuestros sesgos de peso y contribuir a desmantelar la gordofobia. Ya que, hoy en día, afecta de forma importante la salud física y mental de las personas de cuerpo grande. Tenemos en nuestras manos el poder y la responsabilidad de garantizar el bienestar de quienes nos rodean.

Si crees estar sufriendo de atracones, quisiera cerrar diciéndote:

  • No estas solx, tu sufrimiento es legítimo. Cualquier conducta de riesgo o trastorno alimentario produce sufrimiento y mereces recibir un tratamiento digno y respetuoso.
  • No es tu culpa, no es falta de voluntad. Como todas las relaciones problemáticas con la alimentación, los atracones derivan de vivencias psicológicas profundas que no se resuelven simplemente “poniéndole ganas” o “esforzándote más”. 
  • No estás “dañadx” por no sentir saciedad o por querer más pizza cuando ya todos dicen estar llenos. Es parte del proceso que estás llevando y no tienes por qué sentirte culpable.
  • No eres lx únicx que lo experimenta. Por el contrario, en virtud de la cultura de dieta en que vivimos inmersos, los atracones son la conducta más común en las relaciones problemáticas con la comida. Dada la vergüenza, el estigma y el juicio que los rodea, la mayoría de las personas los viven en secreto. Es por eso por lo que sientes que nadie más los padece. 
  • No te conformes con que te digan que sólo se trata de adherirte a la dieta y perder peso. Ambas recomendaciones surgen de los sesgos de peso y han demostrado agravar la incidencia de los atracones, en lugar de mejorar la condición.
  • Busca un abordaje peso-inclusivo con un apoyo terapéutico y nutricional. Donde se interese por explorar las verdaderas raíces que producen los atracones. Y sobre todo, trabaja con personas que te hagan sentir segurx, acompañadx y acogidx. Mereces un trato digno, respetuoso y amoroso, libre de juicio y culpa.

Referencias:

Romano, E., Haynes, A., & Robinson, E. (2018). Weight Perception, Weight Stigma Concerns, and Overeating. Obesity (Silver Spring), 26(8), 1365–1371.

Karges, C. (02 de Junio de 2017). How Weight Stigma Negatively Impacts Binge Eating Disorder. Obtenido de Eating Disorder Hope

Waters, T. (04 de Marzo de 2021). Why The Stigma Around Binge Eating Disorder Needs To Be Broken. Obtenido de The Unedit: https://www.the-unedit.com/posts/2021/3/4/why-the-stigma-around-binge-eating-disorder-needs-to-be-broken

Hollett, K., & Carter, J. (2021). Separating binge-eating disorder stigma and weight stigma: A vignette study. Int J Eat Disord, 54(5), 755-763.

Hunger, J. M., Smith, J. P., & Tomiyama, A. J. (2020). An Evidence-Based Rationale for Adopting Weight-Inclusive Health Policy. Social Issues and Policy Review, 14(1), 73–107.

González-Díaz, S. N., Arias-Cruz, A., Elizondo-Villarreal, B., & Monge-Ortega, O. P. (2017). Psychoneuroimmunoendocrinology: clinical implications. World Allergy Organization Journal, 1-13.

Sabogal, P. (04 de Marzo de 2021). El atracón. Obtenido de Proyecto Princesas



4 comentarios

  1. Lina Silva

    Hola buenas tardes, soy de Colombia y me gustaría aportar con mi testimonio o algo así, actualmente padezco de transtorno por atracón ( autodiagnosticado).

    Gracias.

  2. Ruth

    Yo sufrí durante 5 largos años la locura de ese trastorno: el atracón incontrolado. Después, esos minutos de vómito donde echaba la comida y gran parte de mi misma, echaba todo lo que me quemaba por dentro, necesitaba agotarme, devolverme a mi misma por no poder controlar mis ansias: me sentía una fracasada sin fuerza de voluntad….
    Llegué a vomitar unas 20 veces al día, necesitaba calmar mis ansias de forma continua, cualquier lugar valía para meterme los dedos y echar parte de mi ser…Después de hacerlo, me sentía agotada, sucia, triste y moría un poquito más cada día…no recuerdo nada peor en mi vida que aquellos años escondida para comer y vomitar….
    Chicxs, se puede salir de esa rueda, es posible olvidar esa conducta destructiva que te mata día tras día mental y físicamente…No dejéis que os gane la batalla, se puede salir de ello, puedes liberarte de la cárcel del atracón….mucha fuerza¡¡¡

  3. Proyecto Princesas

    Hola Ruth!
    Muchas gracias por compartir con nosotrxs tu experiencia y este gran mensaje de que LA RECUPERACIÓN ES POSIBLE!

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