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De familia rota a familia fortalecida

Cuando se habla de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) muchas veces se pasa por alto el sufrimiento al que se enfrenta la familia de quien lo padece. Si la enfermedad entra por la puerta de un hogar suele destrozarlo, dejando a la familia rota a causa del TCA. Por lo tanto es de gran ayuda que toda la familia trabaje por la recuperación; informándose, fortaleciéndose y aprendiendo recursos que ayuden a enfrentarse juntos a la enfermedad.

En este artículo Vicky Ferrándiz se estrena como colaboradora en Proyecto Princesas. Lo hace acercándonos la importancia de la familia en la recuperación de los TCA y cómo esto puede reforzar a la familia y a su ser querido en la recuperación de la enfermedad.

De familia rota por el TCA a familia fortalecida


A lo largo de un proceso terapéutico con una persona que padece un trastorno alimentario, desde mi percepción profesional es esencial trabajar con los miembros de su familia.
 

¿Por qué es esencial trabajar con los miembros de la familia de una persona que padece Trastorno Alimentario?


Precisamente porque esta pregunta sobrevuela en las cabezas de la mayoría de los miembros; padres, madres, hermanxs y otros miembros de la familia más extensa, no se explican la razón (generalmente razones) por las cuales ese miembro querido ha llegado a desarrollar esta(s) enfermedad(es).

Desde un punto de vista sistémico, el sistema familiar tiene como finalidad última el crear un espacio donde cada uno de los miembros puedan desarrollarse adecuadamente, adaptarse al medio y contexto que les toca vivir. Como seres humanos, necesitamos de otras personas para desarrollar nuestro potencial. Somos seres sociales y estamos biológicamente preparados para vivir en comunidad. Si esto no se da, o de algún modo nos sentimos apartados de nuestro entorno social, aparece la enfermedad, pudiendo tener esta muchas caras.

Pero también ocurre, y frecuentemente es el caso en el ámbito de los TCA, que la enfermedad arrasa con el mundo interno y social de la persona. Llegando a afectar a su capacidad para socializar e incluso para comunicar lo que le sucede, aislándose y encerrándose en sí misma. Por esta razón esto acaba trasladándose a la relación con su propia familia y círculos más cercanos.

Entonces, si la familia está “hecha” para no romperse; ¿por qué surgen los problemas de comunicación y comprensión cuando hay enfermedad en uno de los miembros?


Pensemos en la familia como un sistema de funcionamiento mecánico, por ejemplo, los engranajes de un reloj. Todas y cada una de las piezas tienen su lugar, su cometido, su función y su misión de permanecer haciendo eso para lo que han sido creados. Si por alguna razón uno de esos engranajes se soltase y se desplazase, el reloj dejaría de funcionar. No serviría para lo que fue creado, y estaría roto.

Esto no es lo que ocurre en las familias. La naturaleza es mucho más sabia que cualquier relojero del mundo. Si uno de sus engranajes se suelta, es decir si uno de los miembros enferma, todos los demás miembros necesitan moverse de su lugar para que el sistema vuelva a funcionar. Esto quiere decir que la enfermedad, si bien cada uno expresa o muestra su vivencia de una forma diferente, afecta a todos los miembros. Existe mucho dolor, rabia, incomprensión, desesperación, incluso a veces de intensidad emocional a gestionar puede parecer que haya indiferencia ante el problema. Y muchas veces esta soledad o incomprensión de la que hablábamos al principio que siente la persona con la enfermedad, también está presente en cada miembro.

Dicho de otro modo en la familia en que hay un miembro que padece una enfermedad, el sistema entero se resiente y no siempre tienen las herramientas para solucionar esta dificultad.


Al igual que es importante a nivel terapéutico dar espacio de desahogo emocional para la persona con la enfermedad, lo es para cada miembro de la familia. Es especialmente bueno si se crea un espacio terapéutico en un entorno conjunto. Acudir a terapia como familia puede facilitar ese espacio y al mismo tiempo que el terapeuta crea un espacio emocional, debe también crear un espacio informativo y explicativo del funcionamiento de la enfermedad de los síntomas y de la función que estos cumplen desde el debut de los mismos, hasta los factores precipitantes y mantenedores de la enfermedad. 

Además de esto, también es importante transmitir a los familiares que ellos son piezas clave de la recuperación cambiando el foco individual de el/la hijo/a padre/madre enfermo/a. Es clave empoderar al sistema por completo, a cada una de las piezas vitales de este engranaje, a cumplir una misión. Acudir a un especialista en terapia familiar  y poder afrontar esta dificultad de forma conjunta puede resultar un punto de inflexión fundamental para la recuperación de la salud global de todos los miembros del sistema.

Este cambio diametral de perspectiva, del individuo aislado, al sistema unido, puede ser muy complejo. Implicando diversos retos que con la ayuda profesional adecuada, y una correcta orientación, pueden llegar juntos a superar, de una forma muy resiliente. Creando vínculos más sanos y por tanto saliendo fortalecidos.

Deseamos que si habéis llegado a ser una familia rota a consecuencia del TCA, lleguéis a ser una familia fortalecida y recuperada. ¡Os animamos a buscar ayuda especializada y que os unáis para ganarle a la enfermedad!


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