Testimonio: Querida anorexia

"Querida anorexia" es una carta-testimonio preciosa llena de mensajes muy potentes y de palabras de agradecimiento. Os emocionará tanto como a nosotrxs...

«Querida anorexia» es una carta-testimonio que nos llega desde Chile de manos de Catalina, de 18 años. Nos escribió motivada por la celebración del Día Mundial de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Es una carta preciosa llena de mensajes muy potentes y de palabras de agradecimiento que nos deja sin palabras.

Esperamos que os emocione tanto como a nosotras.

Querida anorexia

Esta es una carta que escribí para despedirme de los TCA, que me han acompañado desde los 12 años. Partí con bulimia a esa edad, aunque desde pequeña fui insegura con mi cuerpo. No fue hasta ese entonces que mi vida cambió… ya a los 15-16 años el vómito se había vuelto incontrolable. No era necesario meterme los dedos en la boca para vomitar, pues mi cuerpo se había acostumbrado a devolver todo lo que ingería.

Por aquel entonces recibí un comentario específico sobre mi cuerpo que hizo que este infierno fuera todavía peor. Fue ahí cuando me diagnosticaron anorexia purgativa. No comía nada. Pasaba días sin comer. Hasta el agua me daba miedo… Me volví alguien completamente dependiente de mi familia. No podía hacer nada sola.

La desconfianza que tenían hacia mi era tremenda. Fueron años super difíciles. Yo no quería soltar la anorexia: me daba miedo vivir sin ella… pero después de años de tratamiento hoy soy capaz de elegir vivir. Porque cada día que pasa, o te mueres por un TCA o eliges vivir. Acá dejo mi carta.


Querida anorexia:

Te escribo para despedirme. Sí, me cuesta escribir esto, y no sé si seré capaz de terminar esta carta. Pero hay que intentarlo…

Quiero despedirme y alejarme de ti. Aunque me da mucha pena dejarte, porque me acompañaste durante mucho tiempo y cuando estaba más frágil. Sé que es lo mejor para las dos.

Para ti. Porque elegiste a la persona equivocada. No soy capaz de seguir tu ritmo ni de seguir haciéndole caso a tu voz. Y para mí, porque me quitaste todo. Aparte de quitarme kilos, me quitaste las ganas de vivir, me quitaste amigos, y le hiciste daño a lo que más amo: a mi familia y seres queridos.

Hiciste que el espejo y la pesa se volvieran mis peores enemigos. Hiciste que me obsesionara por mi físico, al punto de vomitar para sentirme mejor conmigo misma. Hiciste que mis días se basaran básicamente en los pensamientos que metías en mi cabeza (¿qué como?, ¿cuándo como?, ¿cómo restrinjo?, ¿cómo hago que mis piernas no se junten? etc.).

Hiciste que hiciera caso a todos los comentarios hacia mi físico, desde «estás muy flaca» hasta «tu cara es muy redonda». Y lo peor es que me hiciste creer que las personas valían por su físico, haciéndome juzgar a tantas y a ponerles etiquetas por el simple hecho de como se veían…

Hiciste sentir a mi mamá culpable de todas mis acciones. Me hiciste odiarla por querer ayudarme. Pero sé que ella me ama, y muchas veces me hiciste dudar de eso también.

Hoy en día todavía me cuesta mucho diferenciar tu voz como la de alguien o algo externo a mí, porque para mí tu eres parte de mi vida. Tus pensamientos se volvieron míos, y tus acciones también.

Te pido por favor que te vayas de mi vida. Por favor, déjame tranquila y no vuelvas a aparecer nunca mas, porque no te necesito.

Hoy en dia tengo miedo; sí, tengo mucho miedo. Miedo porque no sé cómo va a ser mi vida sin ti. Probablemente algunas veces seré yo la que te busque pero por favor, no te aproveches.

Tengo miedo, pero sé que soy capaz de seguir este camino sin ti, de vivir la vida como me la merezco. Esta es una nueva oportunidad para comenzar desde cero, porque estoy viva.

De todas formas, gracias, porque gracias a ti pude conocer a personas increíbles, a personas que sé que estarán para mí en las buenas y en las malas. Gracias, porque soy consciente del privilegio que tuve de recibir el mejor de los tratamientos, y el apoyo de las mejores personas. Gracias, porque después de mucho esfuerzo junto a especialistas, familia y amigos, aprendí que está bien si no tengo hambre, pero que si la tengo no pasa nada, porque comer me mantiene viva.

Aprendí que la pesa no es tan terrible, y que mi miedo a los carbohidratos era irracional. Aprendí que hacer deporte no es sinónimo de quemar kcal, sino que puede ser sinónimo de salud mental. Aprendí a controlar los atracones, cosa que en cuarentena ha sido bien dificil. Y hasta aprendí a organizarme mejor con los estudios.

No te voy a decir que no tengo pensamientos malos, como de querer volver a lo que era antes aunque me cueste la vida. Pero nadie dijo que iba a ser fácil… dijeron que iba a valer la pena.

A todas estas personas: les debo todo. Por hacerme confiar de nuevo en mí misma en lugar de sentirme insegura o culpable por comer o por cómo es mi cuerpo. Por hacerme ver que soy mucho más que un número y una talla, y que tengo que aprender a valorarme. A saber diferenciar las cosas que son realmente importantes, de las que no son tan terribles como parecen.

Me enseñaron a no sobre-exigirme. Me enseñaron que mi pasado no define mi presente. Que que hayan pasado ciertas cosas no significa que sean culpa mía. Que soy una persona frágil, pero que eso me hace todavía mas fuerte. Que aunque a veces sienta que el mundo se me viene abajo, puedo salir de ese hoyo negro y ver el lado positivo de las cosas, y con eso crecer como persona.

Gracias por su preocupación infinita hacia mí. Y perdón, perdón por a veces ser tan terca y no querer mejorar. Perdón por tantos llantos y malos ratos, y perdón, sobre todo, por involucrarlos en problemas que no les correspondían.

Por esto y mucho más: gracias. Y gracias de todo corazón por hacerme salir de esto. Me imagino que el camino que viene no va a ser fácil, pero gracias a todas estas personas que mencioné tengo las herramientas para afrontar lo que sea que venga por delante.

Adiós querida anorexia.


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